Anil Murthy y Peter Lim, por un lado; y personajes de La Liga de la Justicia por otro.

La Liga de la Justicia

Opinión

Anil Murthy y Peter Lim, por un lado; y personajes de La Liga de la Justicia por otro.

Opinión

Ya ha empezado.

Javier Tebas salvó los muebles y al pasaje de un potencial Titanic futbolístico, llevando a puerto la Liga 19/20 en esta epidemia y lanzando este fin de semana la 20/21, en condiciones igualmente dificultosas. La Liga, vista desde fuera de España, es y era un majestuoso producto, pero en un mar de peligros donde aparte de acechada por depredadores -el COVID, la RFEF, el Real Madrid, el Gobierno- podía haberse hundido totalmente ante la brecha del iceberg de la repentina caída de ingresos por ticketing y el tsunami de la marcha de Messi.

El presidente de LaLiga, vilipendiado por muchos, nada popular en círculos radiofónicos por la cruzada, quizá innecesaria, de cobrar derechos de retransmisión a las emisoras, es un gestor hábil e infatigable. Hasta sus más enconados enemigos -no detractores, enemigos- admiten que su capacidad de trabajo está fuera de lo común. Ya sé que a muchos lectores no le gustan muchas cosas de él, pero es unánimemente apreciado por los profesionales del sector, por algo será.

Su comunicado en el asunto Messi, gustase más o no a los puristas, ha sido efectivo y ha colaborado en retener al argentino, ya veremos en qué condiciones. No es descabellado afirmar que, sin el cromo del de Rosario en nuestros estadios, cada club de LaLiga Santander y Smartbank hubieran sufrido un importante mordisco en sus ingresos por derechos televisivos internacionales. Que Messi se quede en España es bueno para el sector, incluso para el Real Madrid.

El presidente de LaLiga es un gestor hábil e infatigable… Es unánimemente apreciado por los profesionales del sector, por algo será

Estamos en el punto de ebullición, ese estratégico boiling point, donde se cuece el futuro de nuestro fútbol. Tebas vio hace años que el futuro económico del fútbol está en los derechos ya no audiovisuales, sino digitales. Durante el último mes hemos conocido el novedoso acuerdo de Netflix para emitir, por fin, fútbol en directo, en colaboración con Mediapro. En concreto emitirá la Ligue 1, la Champions y Europa League para Francia. El país galo que se ha llevado el gato al agua aprovechando el atractivo de Neymar y Mbappé.

Desde hace años la estrategia de Javier Tebas en LaLiga ha sido visionar cómo podría crecer la competición en derechos audiovisuales, en un país de relativa poca población y nula cultura de ‘pagar por ver’. El generar sinergia con plataformas digitales como Netflix, Facebook e, incluso, plantearse la creación de una OTT (canal digital propio) ad hoc para emitir el fútbol directamente, vendiendo partidos Premium a otras plataformas pero dando todo el contenido por su propia plataforma como hace la NBA con su League Pass. El business, el negocio global, está en los derechos digitales de TV y en esta pandemia lo hemos visto.

El negocio global está en los derechos digitales de TV y en esta pandemia lo hemos visto

javier tebas
Javier Tebas durante un acto en LaLiga. Foto: La Liga.

Que no haya habido fans en los estadios no ha impedido que Liga, Champions y Europa League hayan tenido altas audiencias y, consecuentemente, han mantenido –y mantendrán- su valor audiovisual, sin alteración. Su consistencia como activo en el entertainment es insoslayable. Ese debate doméstico de ‘O pagamos Netflix o pagamos fútbol de pago’ ya no será una disyuntiva matrimonial. En breve, veremos el fútbol top allí.

Sin embargo, el fútbol, como afirmó Rodrigo Moreno en su adiós, siempre pertenecerá a los aficionados. Sin contar con ellos como parte de la ecuación, ni darles una explicación lógica y una gestión reconocible, no habrá proyecto que resista en el medio plazo, pese a que los derechos de retransmisión representen el mayor ingreso. Utilizaré un ejemplo, que enlaza con el titular tramposo de este artículo. Hablaremos de cuan rentable es saber rectificar y qué estratégico es hacer sentir importante al cliente. De uno de los mayores fracasos de la historia del cine puede salir un éxito pionero basado en… escuchar la crítica constructiva.

El fútbol, como afirmó Rodrigo Moreno en su adiós, siempre pertenecerá a los aficionados

En el año 2017 se estrenó en el mundo una superproducción destinada a ser la película más taquillera de todos los tiempos: La Liga de la Justicia. Tras el éxito de Marvel y su Universo cinemático, venían ufanos a remachar la taquilla DC y Warner Bros con su blockbuster, una especie de clon de los lucrativos (y brillantes) Vengadores, pero con los dos ases más gordos de la baraja infantil, dos triples en la quiniela: Superman y Batman. Con ellos e infinito presupuesto, con el mercado esperando la película como quien espera la última coca-cola del desierto, nada podía salir mal.

Se supo antes del estreno que del rodaje cayó, por un drama personal, su director Zack Snyder. Un tipo brillante en su concepción visual, pero algo intenso y filosófico. Y se hizo cargo de la producción el más simplista Joss Whedon, que había amasado más de 2.000 millones de euros en taquilla con las dos primeras partes de Avengers, llenándole la saca a Disney. Las perspectivas hasta mejoraban. Se frotaban las manos en Warner… ¿Podrían llegar a los mil millones de beneficio?

A mí gusta el cine. Soy ecléctico, que es una forma fina de decir que me lo trago casi todo. Tengo cuatro líneas rojas. No veo cine de artes marciales, ni frecuento a Almodóvar o imitadores, ni comulgo con las de sobremesa de Antena 3 ni tampoco le doy oportunidad a películas que ya me anuncien que son para minorías selectas. A veces los límites intelectuales se me diluyen y el niño interior sale a flote. Así que fui a ver JLA con la ilusión de un chaval entrado en años. No podía esperar y la vi en París. Estaba de viaje de trabajo y me fui al cine a verla en versión original. Tras salir de la sala, me pregunté si aquel niño que leía cómics en Llíria estaba ya finiquitado a mis 43 años o, a lo mejor, había visto, llanamente, un esperpento infumable.

Fui a ver La Liga de la Justicia con la ilusión de un chaval entrado en años… A lo mejor, había visto, llanamente, un esperpento infumable

Al volver a visionar sus 120 minutos, en los ABC Park, con mis hijos, aún me pareció peor. Ellos, seis y ocho años, se durmieron primero y se querían ir, después. Nada podía salir mal… pero no había nada bien. Vamos a lo importante. El presupuesto de publicidad y marketing, 200 millones de dólares, fue el clavo ardiendo de los productores de la película antes de su estreno. El logo JLA inundó el planeta por tierra, mar y clickbait, las revistas especializadas y periódicos, digitales y papel, hacían piruetas narrativas, ansiosas de cobrar faldones y banners, para que las críticas, siempre afiladas con el pobre y laxas con quien invierte, fueran como mínimo neutras.

Se fueron tapando los defectos a golpe de cheque y barriendo el drama artístico debajo de la alfombra comercial. Pero, es lo que hay, el veredicto de las redes sociales y de las tertulias de Universidad o Instituto fueron absolutamente uniformes en su crueldad. Y el castañazo en taquilla fue de órdago. Fracaso absoluto. Perdieron pasta a espuertas. El boca a boca es más potente, hoy, que cualquier maquinaria mediática. Warner había juntado a Messi y Cristiano en un equipo, con otros jugadores de relumbrón, y había bajado a Regional del tirón.

Warner había juntado a Messi y Cristiano en un equipo, con otros jugadores de relumbrón, y había bajado a Regional 

Pero esa no es la noticia. La genialidad ha sido la empática reacción de la productora, que encima le dará millones de beneficio. ¿y cómo? Warner ha estado recibiendo millones de críticas por su nefasta gestión sobre el producto, que ha sido igual de chusco en sus adaptaciones de otras novelas gráficas. Y en la sublimación del poder del fan en estos nuevos tiempos, hace un par de meses, anunció la major que admitía el descalabro, que trataría de arreglarlo.

Snyder podrá dar a luz su versión y asegura que hará aquello que tenía en mente, y montaría de nuevo la película. Con el material original –más de 3 horas desechadas por Whedon, que la ideó y rodó casi enteramente- estrenará de nuevo la obra, 4 horas esta vez segmentada en 4 capítulos, en el canal de Warner HBO MAX. Más allá de que mejore la primera versión –que no debería ser complicado- entendamos el asunto como una evidencia absoluta de que hasta en el cine hemos llegado a un punto donde la presión pública si es legítima y con criterio hace modificar, incluso cambiar el destino y rescatar de sus gestores a… ¡una película!

PD: Pasada la traca del derbi, que ayudará a calmar las aguas. En la actualidad en Valencia, nadie, y digo nadie en círculos financieros, políticos, empresariales, periodísticos e incluso dentro del Club y, me atrevo a afirmar en la sala de estar de los Lim en Singapur, nadie defiende la sostenibilidad de este proyecto a medio plazo. Es una cuestión de tiempo, pero el final está escrito.

En Valencia… nadie defiende la sostenibilidad de este proyecto a medio plazo. Es una cuestión de tiempo, pero el final está escrito

Todos los actores coinciden en la mejor solución. A todos los aspirantes y paladines, los ya anunciados y los que esperan en la sombra a propugnarse, me atrevo a decirles que va a hacer falta mucho sufrimiento, trabajo y dinero para levantar cualquier nuevo proyecto. Pero sobre todo va a hacer falta generosidad, enterrar rencores, hachas de guerra y odios. No sé quien debe ser el nuevo gestor del Valencia, pero quien lo sea debe tratar de integrar a todo el mundo. Mientras tanto, bajar decibelios en insultos, agresividad y reproches nos vendría bien a todos… y al escudo.

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