Gil Manzano arbitra un encuentro internacional. Foto: Catherine Ivill | Getty Images.

Leyendas urbanas

Opinión

Gil Manzano arbitra un encuentro internacional. Foto: Catherine Ivill | Getty Images.

Opinión

Fue estimulante, el año pasado, conocer la carga de verdad en la historia de Marcelo Bielsa espiando al Derby County. Un ayudante suyo fue pillado, prismáticos en mano, clandestinamente observando al oponente del Leeds. Señalado por la opinión pública británica, tan moralista, Bielsa se explicó con detalle. Me enloqueció su exposición, que muy, muy resumida, era: “Miren, hemos espiado al rival en su entrenamiento. Está mal, es ilegal y lo sabemos, pero lo teníamos que hacer, porque es nuestra obligación hacer todo lo posible por ganar o nos sentimos mal con nuestra conciencia. Lo volveríamos a hacer, pero, saben la verdad, no valen para nada muchas cosas de las que nos sentimos obligados a hacer”.

Mil historias, leyendas urbanas, fábulas y tópicos tejen el entramado del entorno del fútbol entre que pita el árbitro el final de un partido y otro colegiado da por iniciado el siguiente. Bielsa también explicó una anécdota. Tras perder una final de Copa con el Athletic contra el Barcelona, envió a Guardiola como regalo su análisis del rival. Guardiola, abrumado por la catarata de datos y métrica, le respondió a Bielsa que sabía más que él mismo sobre su propio equipo. El Barça había vapuleado a los bilbaínos sin despeinarse.

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Marcelo Bielsa presta atención al encuentro del Leeds United sub-23 frente al Wolverhampton sub-23. Foto: Leeds United.

El asunto es que el sábado, tras la derrota en Vigo, se inició una corriente estratégica desde el Valencia, entendible y lógica, basada en el precepto básico de toda comunicación institucional de crisis: si tengo medio motivo, monto un lío al árbitro. De esta forma, alimentas a los medios que están deseando ayudar a favor de obra – me parece respetable- e, incluso, pones en una tesitura compleja a los medios críticos, que se ven finalmente obligados a apoyar la teoría conspirativa para mostrar algo valencianismo, que un poco de populismo -mejor si está fundamentado- no viene mal para hacer un paréntesis en una escalada de crítica.

Cuando esto ocurre, aparece la segunda derivada. La habrán leído: “No tenemos peso en la Federación” reza la leyenda. Una lírica alimentada por veteranos federativos ociosos, que repiten como un mantra aquello de “conmigo ayudando al Club, esto no pasaría”. Nunca les oyes tras un título o tras un buen arbitraje. Pero semejante afirmación, en sí misma, lleva adjunta la idea que los árbitros son corruptibles y que hay profesionales en conseguirlo. Miren, Gil Manzano se equivocó el hombre, pero el CTA está en manos de gente profesional y honrada, que la fastidian a veces con el VAR también, pero que no tienen un teléfono rojo donde a cada minuto llame el conseguidor de cada club para suavizar arbitrajes. Creo en su honradez, aunque me cabree como una mona a veces.

Hay multitud de otras frases tópicas revisables. Todo el mundo recuerda haber escuchado la de “el jugador juega donde quiere”, que seguramente la patentó un agente con una oferta mejor o un Presidente deseando justificar una venta… y ahí se quedó. Pero no es cierta, si hay contrato y fortaleza financiera del equipo con sus derechos, el jugador juega… donde tiene contrato. Otra a la lista es: “El entrenador debe cobrar un euro más que el mejor jugador”, acuñada por un técnico voraz y que, a todas luces, es un sinsentido económico. Porque raramente los clubes pagan traspasos por técnicos, sino que el mercado enloquece por los buenos futbolistas.

O, una de mis favoritas: “Nuestro problema es que comunicamos mal”.

Hace unos años un director deportivo del Valencia, famoso por pelearse hasta consigo mismo, capaz de salir a tiros y sin hablarse con nadie de un parque de bolas, tras romper amarras con su periodista más afín se entregó a otros brazos y, tras un análisis consensuado muy objetivo, quiso despedir a empleados del Club porque “se comunicaba mal su trabajo”. El susodicho pensaba de corazón -ese es el problema, la distorsión de la realidad- que no se había puesto en valor bien su brillante gestión, porque en la jornada 17, con el cuarto presupuesto de la Liga, llevaba tres entrenadores, 3 victorias en media Liga, y el Valencia ocupaba con 13 puntos, la posición 17 de LaLiga. ¿Quién no hubiera comunicado mejor ese excelso rendimiento?

Como profesional del sector, la comunicación de un Club deportivo, a mi juicio, no se trata de convencer al público de que algo muy mal hecho está bien hecho, asumiendo que el resto del planeta carece de capacidad de análisis. No. O conseguir que nadie escriba al dictado. Consiste en generar una relación de confianza y sinergia con los medios y la afición, con el entorno, para que lo que está bien hecho no se ponga en duda y tener credibilidad para que aquello que es interpretable, zona gris, sea, al menos, entendido por quien quiera escuchar. Ya la excelencia sería asumir en público lo que haces mal, pero la condición humana es esquiva a esa autocrítica, incluso en las mentes más brillantes. Me gustan, por ejemplo, las comparecencias de Fernando Roig padre cuando expone en público sus decisiones más fuertes. “Aquí estoy yo y estas son mis razones”. Cuando sales a dar explicaciones de tus decisiones, por omnipotente que seas, al menos demuestras un respeto e interés por el receptor. Por el cliente.

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El presidente del Villarreal CF, Fernando Roig, antes de ofrecer una rueda de prensa Foto: Villarreal CF.

Es una buena idea, en esa línea, que José Luis Zaragosí salga a explicar la versión del Valencia de la actualidad. Mejor que fuera Lim, claro, pero es positivo. Otra cosa es comulgar con sus argumentos, especialmente si los hechos siguieran yendo en contradirección. En la intimidad de un Club, en la soledad de un despacho presidencial, se debe saber lo que está bien y lo que está mal, asumiendo que, en realidad, lo que comunica sin filtros ni subterfugios es, cada semana, el rendimiento deportivo de un equipo. Ese rendimiento no depende de teorías conspirativas, predicadores asalariados, federativos apolillados, estrategas externalizados, espionajes al rival, querellas en contra o campañas de acoso y derribo. Mi resumen, lo que determina todo, lo que importa, es que en el fútbol debes marcar la dirección de a tener un club gestionado racionalmente por buenos profesionales, que genere recursos utilizados en una planificación ordenada para contratar buenos futbolistas. Y a éstos se les debe liderar con un adecuado entrenador, protegido finalmente todo el colectivo por una estructura y filosofía empresarial que exija rendimiento y garantice soluciones y recursos, con el fin de evitar excusas.

Lo demás, como bien dijo Bielsa, no vale para determinar los resultados… aunque lo hagamos y defendamos con entusiasmo, para sentirnos bien con nuestra conciencia.

PD: El Valencia ha incorporado a un nuevo ejecutivo de Singapur. Joey Lim, su llegada a Paterna, vista gracias a la fotografía del diario AS, fue metafórica: el fotógrafo del Club, un entusiasta en inmortalizar a sus jefes, haciendo piruetas, de espaldas al equipo, para hacerle una bonita captura al nuevo ejecutivo… y todo el mundo en posición de firmes. Joey tiene un interesante currículum, pasado en Kestrel Capital, matricial vehículo inversor del holding Lim, y se ha formado empresarialmente junto a Lay Hoon Chan. Una llegada que anticipa cambios en el staff a medio plazo y medidas económicas. Viene a mandar.

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Anil Murthy le enseña la ciudad deportiva del Valencia CF a Joey Lim. Foto: Alberto Iranzo | Diario AS.

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