Imagen de David Silva en su presentación. Foto: Real Sociedad.

La luz de Silva

Opinión

Imagen de David Silva en su presentación. Foto: Real Sociedad.

Opinión

Todavía teníamos el cuerpo caliente por lo de Martin Odegaard. Una muestra más del embuste en el que nos enreda siempre el fútbol moderno, donde la palabra vale menos que un Plastidecor blanco. Habíamos apagado las luces en señal de luto y de repente los teléfonos móviles se iluminaron para anunciar que David Silva, uno de los mejores futbolistas canarios de todos los tiempos, firmaba por dos temporadas con al Real Sociedad. 

Era lunes, 17 de agosto de 2020. Dos minutos por encima de las once de la noche. Tuvimos que frotar los ojos con fuerza y actualizar varias veces la cuenta de Twitter para creerlo. Un campeón del mundo, con 34 años de almanaque, decidía enrolarse en la plantilla más joven de la Liga. Unos días antes se había despedido del Manchester City dejando una estela de de 435 partidos, 77 goles, 138 asistencias y una estatua en el Eithad Stadium.

David Silva no ha nacido para engañarse a sí mismo, «He venido aquí para ganar títulos», dijo nada más enfrentarse al micro en sala de prensa

Podía haberse bañado en billetes de todos los colores y apagarse poco a poco en el fútbol chino, japonés o italiano. Pero, ¿hay algo más triste que acabar jugando en el Vissel Kobe? Es como hacerle el amor a un cartón de leche desnatada. Cada vez que veo a Iniesta en un reportaje de televisión se me cae el alma al suelo y de ahí ya no quiere levantarse. Dice estar feliz viviendo una experiencia exótica alejado de los suyos. Venga ya, Andrés… ¡Con lo bien que le sentarían tus pases al Albacete!

Imagen de David Silva en rueda de presa. Foto: Real Sociedad.
Pero David Silva no ha nacido para engañarse a sí mismo. «He venido aquí para ganar títulos», dijo nada más enfrentarse al micro en sala de prensa. Lleva toda la vida persiguiendo esa luz y no pude dejar de buscarla. Es adictiva, escapa a su control. Posiblemente nació mientras brincaba por los arenales de Arguineguín. Ahí se dio cuenta de que había nacido para esto. Es una energía que le invita constantemente a poner el juego por encima de todo. Necesita trascender por el cómo para brillar con intensidad. Y es ahí donde entra en escena el club txuri urdin, uno de los nueve campeones de Liga. 

Tiene por delante retos apasionantes, Uno de ellos, la primera final vasca de la historia en una Copa del Rey

David siente que en Donostia se está cocinando algo muy rico y quiere probarlo. Un juego combativo centrado en la creación y en la belleza. Amasado en Zubieta y servido cada fin de semana en Anoeta. Un fútbol cosido en el verde por una generación de canteranos con un nivel técnico formidable. Participar de algo así siempre completa la obra de cualquier artista y él sabe que le ha llegado la hora del último trazo.

Pero para dibujarlo todavía tiene por delante retos apasionantes. Uno de ellos, la primera final vasca de la historia en una Copa del Rey. Un partido para el que los clubes, eternos rivales, han decidido esperar por el pueblo. Será una gran fiesta del fútbol y un escenario ideal para seguir construyendo el relato épico que se narrará por las noches en muchas habitaciones. Especialmente en la del abuelo David Silva. Y será ahí cuando le toque apagar la luz. Pero no antes.