Anil Murthy, Mateu Alemany y Marcelino. / Foto: Football Adict.

La solución estructural

Opinión

Anil Murthy, Mateu Alemany y Marcelino. / Foto: Football Adict.

Opinión

El catastrofismo se apodera del valencianismo en esta hora tan oscura, dicho está todo aquello que debía ser denunciado por parte de medios y afición sobre la gestión de Meriton. Mucho nos tememos que la posible salida de la presidencia de Anil Murthy, anticipada por fuentes internas y externas que ven a Joey Lim como sucesor, puede calmar las aguas, pero se volverán a desbordar pronto si no construyes el cauce. Joey ya lidera reuniones, mientras Anil mira el twitter. Al menos liberaría a un equipo que, sin ser una maravilla de plantilla, debe rendir más en un escenario menos convulso.

Urge un análisis interno estructural. Y un cambio inmediato de forma de gestionar. No hay una sola vía para el éxito. Los Clubes de fútbol, normalmente se nutren de dos áreas fundamentales en su organigrama. Por un lado, la estructura no deportiva, que suele encabezar un CEO – o Presidente ejecutivo – que organiza y lidera las actividades y departamentos administrativos no tangenciales con el área deportiva, como el financiero, recursos humanos, marketing, comercial, mantenimiento, protocolo, Fundación, Relaciones Externas. Siendo el departamento de comunicación un área transversal y debiendo trabajar codo con codo con el CEO y el Director Deportivo.

Muchos nos tememos que la posible salida de Anil Murthy puede calmar las aguas, pero se volverán a desbordar pronto si no construyes el cauce

En el otro lado del organigrama, el área deportiva, donde lidera un Director Deportivo, que por debajo de él gestiona un área técnica de scouting, conocida como secretaría técnica. Además, la Cantera -ahora llamada Academia- , la administración de fútbol –jurídico, contratos, fichas-; el área de apoyo al jugador –ayuda en vida privada a futbolista-, el área médica y, finalmente, la primera plantilla. Donde el entrenador tiene la máxima autoridad, inmaculada e impenetrable, en las decisiones técnicas, disciplinarias y deportivas.

En la actualidad, hay diferentes modelos en la Liga española, pero en la mayoría todos, se impone tener dos profesionales contrastados en ambas posiciones. CEO y Director Deportivo. Dentro de cada club, el calibre de los profesionales hace que esta bicefalia sea equilibrada o se imponga uno de los dos, siempre manejado el equilibrio de poderes por el consejo de administración y teniendo en cuenta una máxima: el CEO no debe imponerse en cuestiones técnicas, ya de lo contrario la estructura deportiva implosiona. Ello no quiere decir que el CEO no negocie traspasos o los contratos de los jugadores, pero debe ser el Director deportivo y el entrenador quienes elijan, consensuadamente los perfiles. Y si el máximo ejecutivo tiene conocimientos contrastados, que forme parte de esa toma de decisiones técnicas. El Valladolid de Matt Fenaert y Miguel López, funciona así. O el Betis de López Catalán, más comedido ahora, y Cordón. El Elche, con Patricia Rodríguez gestionando racionalmente todo lo que no es fútbol funciona como un reloj.

En la mayoría de los clubes de España se impone tener dos profesionales contrastados en ambas posiciones: el CEO y el Director Deportivo

Un ejemplo, anómalo, de Club liderado por el Director Deportivo, el ejecutivo con más galones, es el Sevilla de Monchi, aunque bien acompañado por profesionales de la gestión como Jose María Cruz o Jesús Arroyo y un Presidente, Castro, que consensua y representa a la institución, que delega en sus profesionales. Ahora mismo, para mí, el futuro del fútbol.

Monchi, director deportivo del Sevilla. / Foto: Edif.

En algunos clubes, como el Levante con Quico Catalán o el Villarreal con Roig Negueroles el Presidente o Consejero Delegado actúa en un supranivel ejecutivo, máxima autoridad en ambas áreas, pero no invalida que debe tener profesionales en ambas ramas con capacidad de decisión. Fernando Seguí, Federico Alcácer, Manolo Salvador y Javier Vich son excelentes complementos a sus juiciosos dirigentes. Cualificados directivos, de Club, gente resuelta, moderna y de raíces profundas en las organizaciones. Unai Emery disfruta hoy de un Villarreal que vive y piensa en fútbol. Donde hay recursos y exigencia, donde hay capacidad de decisiones rápidas. Donde interlocuta con gente que tiene una sola versión, que no fluctúa, y que se ciñe a la realidad. Paco López, pese a la mala racha de resultadas, convive con una estructura que le protege y le valora, que le evita incendios y exige al jugador. Que no le echa el muerto. Pobre Javi Gracia.

Un ejemplo anómalo, un club liderado por el Director Deportivo, es el Sevilla de Monchi. El futuro del fútbol

El Valencia, el equipo, actual sufrirá la temporada más o menos, no se trata de ser catastrofistas. Si compite en el campo como en Villarreal, no debe tener miedo. Pero en los despachos, teniendo buenos profesionales en la capilaridad de su organizativa, no tiene una espina dorsal fuerte que sustente el esqueleto deportivo. Ni débil. No la tiene.

Todos protegen a sus entrenadores, pero algunos clubes, incluso, subliman al técnico como eje deportivo, como el Atlético de Diego Simeone, donde se apoya en Andrea Berta, pero ejerce un enorme peso, todo ello aprobado por Gil Marín, quizá el dirigente con mayor experiencia y saber hacer del fútbol español. Perfil parecido al de Gil es de Josean Querejeta, auténtico líder y referencia del Alavés, que cuenta con un Director Deportivo que propone y filtra como Sergio Fernández. En ese tipo de modelo, no sería descabellado tener un Secretario Técnico como Corona, pero otorgarle capacidad de decisión e independencia.

Lim, aunque se desentienda económicamente, aunque esconda la cabeza como un avestruz, en su tránsito a una segura futura venta, debe elegir una manera, una idea, de hacer una salida digna, pero tenerla. Desde julio de 2017, el Valencia no tiene CEO. Lay Hoon Chan era una CEO de la entidad que delegaba a la fuerza, la gestión deportiva en el propietario. Hoy, no hay nada. No hay liderazgo interno. Y desde la salida de Mateu Alemany, tampoco tiene Director Deportivo, ya que nunca César fue considerado como merecía su capacidad ni Corona ha tenido un mínimo de maniobra, pese a su excelente actitud y muestra de habilidades.

En su tránsito a una futura venta, Lim debe elegir una manera digna, pero tenerla. No hay liderazgo interno

El Valencia tiene a un atrevido Presidente que quiere ser omnipotente, sin capacidad de trabajo, formación ni predicamento interno para ser CEO, ni conocimientos ni respeto para ser Director Deportivo. El problema es que, aunque se fichase a Subirats, Fernando, Braulio, Robert o el mismísimo Monchi o, yendo al imposible, a Mateu Alemany, cualquiera de ellos de nada serviría si, en el otro lado de la balanza organizativa, no existe un profesional recíproco de alto nivel y, aún más alta humildad, para no empezar a fichar o medrar antes de saber si la pelota es redonda o cuadrada.

Modelos hay varios, pero todos pasan por tener profesionales válidos en la toma de decisiones, especialmente en la cima de la pirámide organizativa. Dicho claramente, Anil Murthy debe, como mínimo, desaparecer de Paterna y de la toma de decisiones o la gestión deportiva. Mientras ahí siga, su presencia es excusa para el rendimiento, fuente de conflicto y de desconfianza.

Anil Murthy debe desaparecer de Paterna y de la toma de decisiones o la gestión deportiva

PD: En otra esfera de gestión, el Valencia no debe preocuparse, hoy por hoy, de la comunicación institucional, pero no de la de hace 4 años, sino de la actual. Cuando no hay matices, cuando no hay refugio, ni un mísero brote verde que añadir a una realidad tan nefasta, cuando no hay gestión, lo último que debe preocuparte es como venderte. Tiene buenos profesionales. Su jefe de Comunicación, de digital, de la radio oficial, de la primera plantilla, de la cantera y de cualquier rama comunicativa ya estaban en el club antes de la llegada del ideólogo comunicativo Murthy, un hombre de gran trayectoria donde su experiencia en comunicación, previa al Club, era cogerle recados y pasarle llamadas al embajador de Singapur.

Está mal que yo lo diga, pero la TV digital, la radio, las redes, la relación con las instituciones, con las peñas, con los accionistas, con los exjugadores, con los medios, con los empresarios, con la RFEF, con la Liga, con la UEFA, con los patrocinadores, todo era existente, cuando no mejor, antes de Murthy. Todas las funciones las ha empeorado, empequeñecido y malversado en su espíritu.

Perdón, hay una novedad: el Batzine, pagado por todos los abonados, es su único legado. Eso y el contrato millonario a la empresa de CR7 para hacer la web. Y cuando ha intentado cambiar cosas, sus dos únicos fichajes, han sido Keishi Matsuyama y Román Bellver, los dos carbonizados: uno, el que iba a cambiar la relación con los fans -vaya si ha cambiado- lo tiene en la Fundación, como un Vespino cogiendo polvo en un garaje, tras haberle adulado sin límite. El otro despedido a los seis meses. Bellver, de trayectoria previa irrelevante, recomendado por un meditabundo consejero, no merecía esa humillación. Le contrató, nada menos, para mejorar su imagen personal y ser portavoz. El próximo empleo de Bellver, ojalá le llegue pronto, deberá ser alguna tarea más sencilla, como acabar con el paro juvenil en España o obtener la paz en el mundo.