Imagen de Martínez Munuera revisando el penalti de Ramos en 'El Clásico'. Foto: Álex Caparrós.

Madrid capital: el verdadero clásico

Opinión

Imagen de Martínez Munuera revisando el penalti de Ramos en 'El Clásico'. Foto: Álex Caparrós.

Opinión

Les escribe uno que no vio en directo el clásico. Que no sacrificó ni un minuto de su siesta de sábado tarde por un partido de dos equipos que ni le van ni le vienen. Y, como saldrá alguno a decir que si te gusta el fútbol tienes que ver este tipo de partidos, yo le contestaré que eso he hecho; ver tranquilamente la primera parte después de cenar el sábado y la segunda el domingo por la mañana. Y, así, estar fresco para el tomate. Porque, si te gusta el fútbol -como defienden los citados puristas- da igual la hora a la que veas un partido. No importa que sea en directo o diferido salvo que tengas intereses emocionales en el encuentro. Y, como a mí me daba igual el resultado, dormí como un bendito una sobremesa de sábado.

Les escribo, pues, desde mi reducto de libertad. Ese, cada vez, más arrinconado lugar de nuestro país en el que vivimos los náufragos al margen de Madrid y Barcelona. Los que habitamos, cada día más, en una isla desierta sin comida ni bebida futbolera que no sea blanca o azulgrana. Pero aguantaremos sin morir de inanición. No lo duden.

“el jefe de los árbitros me contestó que no les afectaba lo más mínimo salir en una portada de un diario deportivo nacional acusados de haber fallado”

Así que me permito el lujo de hablar desde una objetividad impropia del momento e inaudita si eres parte de ese cotarro. Vayamos al lío. Estoy harto de escuchar al colectivo arbitral -formado por los que ahora están y por los que algún día estuvieron- tratando de explicar todo lo inexplicable con tal de no destapar las miserias de su colectivo. Aún recuerdo una charla de Velasco Carballo, a la que fui invitado, y en la que se me ocurrió preguntarle cómo afectaba a los árbitros pitar a Madrid y Barcelona con el revuelo mediático que eso suponía en sus errores. Y, sin arquear una ceja, me contestó que a los árbitros les daba igual el ruido mediático alrededor de sus decisiones y que, la incidencia sobre ellas, era cero. En ese instante, una parte de mí implosionó y la otra, internamente, se descojonó. Perdonen la expresión pero no se me ocurre otra mejor para explicar la situación. Con el desahogo de un político diciendo que es demagogia bajarse el sueldo mientras sus gobernados se mueren de hambre, el jefe de los árbitros me contestó que no les afectaba lo más mínimo salir en una portada de un diario deportivo nacional acusados de haber fallado, por poner un ejemplo gráfico, en contra del Real Madrid. Y se quedó tan ancho.

Imagen de Velasco Carballo en rueda de prensa. Fuente: El Chiringuito.

Aquello, al margen de ser más falso que un billete de ciento doce euros, me hizo entender el clan -dicho sin ánimo peyorativo- al que nos enfrentamos. Los árbitros cierran filas entre ellos -probablemente con justificables razones- al ser el blanco fácil de todas las miradas. Como siempre se les acusa a ellos de decidir un partido con sus errores -y no a un delantero por fallar ante el portero- se blindan del exterior y viven en su propia burbuja. Pero ser injustamente tratados no les da más razón. Aunque, claro, tampoco le vamos a pedir a Velasco Carballo que confirme a bombo y platillo que ningún árbitro quiere salir en la portada del periódico más vendido de España el lunes por la mañana, o ser objeto de debate en ‘El Chiringuito’ de Pedrerol el domingo por la noche. Y, que a eso le tienen pánico, ya se lo digo yo con conocimiento de causa. Si no perjudican al Madrid no salen en los papeles, si no salen en los papeles ningún poderoso llama a su jefe, si no hay llamada al jefe no hay presión sobre él… y todos tranquilos. A nadie le gusta que le miren con la lupa de la prensa de Madrid.

¿Y por qué digo Madrid y no Barcelona? Es obvio; la prensa nacional se encuentra en la capital de España y no en la ciudad condal. Como la Federación, la liga y… el Real Madrid. Y, por nexos tan fáciles de entender como quien sabe leer, Barcelona y el Barça no pueden competir con la ‘proximidad geográfica’ del conglomerado. Cuando al Barcelona le perjudican -al que menos de la liga junto al Madrid, que nadie se confunda- los gritos y berreos desde Camp Barça se escuchan hasta las proximidades de Fraga -provincia de Huesca en dirección Zaragoza- y hasta ahí llegó la riada.

“Los barcelonistas se escuchan a ellos mismos dentro de su Comunidad Autónoma”

Los barcelonistas se escuchan a ellos mismos dentro de su Comunidad Autónoma mientras el eco de la prensa nacional -la de la Comunidad Autónoma de Madrid- llega a todos los rincones del país. He aquí la enorme y decisiva diferencia. En Madrid nos tratan de locos a los que hablamos de esta realidad. Pero, como pasa con los árbitros, vivir en su propia película de ciencia ficción no la convierte en una película basaba en hechos reales. La verdad es la que es y no la que nos gustaría que fuera.

Martínez Munuera
Imagen de Martínez Munuera en ‘El Clásico’. Foto: Álex Caparrós.

Y, mientras hoy en Madrid el penalty a Ramos es de manual, el colectivo arbitral -a través de sus ex árbitros en los medios- respaldan diez contra uno la decisión del colegiado de consultar en el VAR el penalty que decidió el clásico. Ya nada importa si se han pasado año y medio -dieciocho meses sin parar- aseverando que las jugadas de interpretación no se revisan. Ya nada importa que los agarrones de este tipo -no pitados por el árbitro en directo- no los rectifica el VAR en el resto de partidos. Porque, en cada encuentro, hay decenas de agarrones que sobreviven en el color gris y en su silencio. Da todo igual; este se revisa, se pita y, después, se justifica a conveniencia. Y, desde el colectivo arbitral, se reinventa el argumentario de las interpretaciones, el de cuando entra el VAR, el de los agarrones… y el de lo que haga falta. En esta ocasión, no sé qué trayectoria del balón que no valía la semana pasada y que tampoco se aplicará la próxima jornada. Como dijo el inolvidable Groucho Marx ‘estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros’.

Y a todas estas, ¿fue penalty a Ramos? Que cada cual opine. Pero, mientras tanto, esta semana no hay portadas para el árbitro. No habrá llamadas a sus jefes, y todo está tranquilo en nuestro país futbolero. Bueno, si acaso, un poco de ruido en Fraga.