Foto: Athletic Club.

La espada de Garitano

Opinión

Foto: Athletic Club.

Opinión

Cuenta la leyenda que Damocles, un cortesano del siglo IV A.C., cambió por un día su puesto con el rey Dionisio I, tirano de Siracusa. Cuando Damocles llegó al comedor de palacio se sentó en el trono y fue agasajado con las más cotizadas viandas y los más exquisitos vinos. Sin embargo, cuando alzó la vista, vio una espada muy afilada, justo sobre su cabeza, que se suspendía amenazante y colgada de una crin de caballo.

Esa misma espada, sujetada también por un fino cabello, es la que pende sobre Garitano. Una derrota o incluso una mala imagen en San Mamés durante el próximo partido contra el Betis, podría provocar que el fino pelo se rompiera y que la espada cayera a plomo sobre la cabeza del entrenador rojiblanco. Sería la consecuencia lógica a una deriva deportiva que ha sumido al equipo en una depresión futbolística que parece no tener fin.

“Un fútbol rácano que aburre a las ovejas, unos resultados negativos y, quizás lo más importante, las nulas perspectivas de mejora precipitan el ultimátum que amenaza al entrenador”

El hartazgo de los aficionados ante un panorama tan desalentador ha llegado a una Junta Directiva en la que algunos de sus miembros ya transmiten sus dudas sobre el entrenador desde hace algunas semanas. Un fútbol rácano que aburre a las ovejas, unos resultados negativos ante, no nos engañemos, equipos situados en la parte baja del ranking de Primera y, quizás lo más importante, las nulas perspectivas de mejora precipitan el ultimátum que amenaza al entrenador.

El aficionado no ha caído en la resignación de “esto es lo que hay”, sino que se ha cebado directamente con el responsable técnico del primer equipo.  Aunque el Athletic tan solo ha disputado ocho partidos de la actual Liga, la sensación es la de que el fútbol empalagoso y desesperante que persigue a los rojiblancos se pierde en el tiempo.

Un entrenamiento reciente de los jugadores del Athletic. Foto: Athletic Club.

El debate a la hora de buscar culpables se pierde también el en tiempo, pero todo el mundo sabe que estas situaciones se resuelven con el cese fulminante del entrenador, mientras que jugadores, Dirección deportiva e incluso directiva se van de rositas. Además, a la hora de repartir culpas de la actual situación del equipo, los jugadores tienen su innegable cuota de responsabilidad, mientras que la Junta, con el beneplácito de la Dirección deportiva, renovó al entrenador hace apenas dos telediarios.

Tradicionalmente, el Athletic ha sido paciente con sus inquilinos en el banquillo. Salvo raras excepciones (Irureta o Mendilibar) no ha acostumbrado a cortar el cuello de sus entrenadores a las primeras de cambio. Por ejemplo, con Ziganda se esperó a que finalizara la temporada cuando la grada era un clamor en contra del Cuco, aunque también es verdad que con Berizzo tuvieron menos paciencia y la guillotina le separó la cabeza del cuerpo en diciembre. Es cierto que, en el caso del argentino, la situación clasificatoria era agónica y se habían encendido todas las alarmas en San Mamés. Actualmente, el equipo navega en la zona media-baja de la clasificación, pero el atracón de anti-fútbol es tal que, aunque los resultados acompañen, Garitano va a recuperar poco crédito entre la grada. Está marcado. Casi sentenciado.

Vamos, que si la Junta encuentra respaldo económico en las arcas del Club, el entrenador tiene toda la pinta de vivir aquella situación que se repetía en Alicia en el país de las maravillas, cuando la reina de corazones sin rubor de ningún tipo gritaba a los cuatro vientos aquello de: “Que le corten la cabeza”.