Ronaldo sonriendo en la grada del Estadio José Zorrilla. Fuente: EFE.

Ronaldo sólo hay uno

Opinión

Ronaldo sonriendo en la grada del Estadio José Zorrilla. Fuente: EFE.

Opinión

Nadie es ajeno a que en el Real Valladolid se respira un ambiente un tanto extraño en los últimos tiempos. Perdóneme si usted no piensa eso, pues no me gusta generalizar ni hablar en nombre de nadie. Es mi opinión, mi sensación, compartida con varios compañeros y unos cuantos amigos. En mi caso, el mal comienzo deportivo acapara un 60% de ese desánimo ya no con el equipo, sino con el club. El otro 40% se lo achaco a lo que yo echo de menos a Ronaldo Nazário. A mí me encantaba esa versión del Ronaldo más vallisoletano. Del Ronaldo castellano con estilo delibesiano, luciendo provincia y ciudad en su redes sociales. Jugando con sus niñas en su casa de Valladolid. Quizá la culpa sea del contexto sanitario y social en el que nos encontramos y por ello el propietario del Real Valladolid ha decidido resguardarse. Lo que despista es que también ha rebajado el lucimiento del equipo en sus redes sociales, donde llega a millones de personas y ha limitado a un mensaje poco antes de cada partido que se evapora a las 24 horas.

“A mí me encantaba esa versión del Ronaldo más vallisoletano”

Ronaldo sólo hay uno. No hay mayor ofensa para la generación del 80 que leer Ronaldo en la camiseta de Cristiano. Yo jugué al fútbol de alevines a juveniles. Era un extremo derecho con velocidad y poco más. Como malos entrenadores me sacaban de revulsivo cuando sonaba la alarma del minuto 60. Ojo, que a veces funcionaba. Las pocas veces que me ponían de titular terminaba dándoles la razón de que estaba mejor en el banquillo. Los goles que metía los celebraba haciendo el avión como Ronaldo, cosas de niños. Lo que no era tan de niño era lo de tener siempre las botas menos estrafalarias de la tienda. Siempre tuve las Copa Mundial o unas Mizuno blancas y negras. Sólo en 1998 rompí con ello y fue por las Nike Mercurial. Vamos, las de Ronaldo. La historia de la peluquería ya la contaré otro día. En fin, que cuando me enteré que iba a ser presidente del Real Valladolid me entraron sudores fríos. Ronaldo, Ronaldo el bueno.

Ronaldo
Ronaldo sujetando el micrófono en un acto del Real Valladolid. Fuente: EFE.

Cuando eres un crío quieres una foto o un autógrafo. Esta vez quería la entrevista. A la media hora de haber sido presentado en el Ayuntamiento ya había enviado un correo electrónico solicitándola. Han pasado dos años y dos meses y aquí estoy, como ese niño que espera horas en el autobús del equipo, no le hacen ni caso y marcha a casa llorando. Dedicamos al Real Valladolid decenas de noticias, dos horas de radio diarias y 24 mentalmente. Les digo la verdad: jode. Aunque luego lo piensas, relativizas, y no deja de ser una entrevista. Pero a la vez, precisamente por eso. No somos el enemigo. Ni vamos a hacer la entrevista del siglo ni le vamos a meter en ningún follón. No es mi caso, pero creo que a Ronaldo siempre le ha pasado factura la distancia que ha marcado con la prensa local desde que llegó. Un periodista turco le pudo preguntar hace meses por cómo veía a Ünal en un acto del Banco Santander, pero en Valladolid no le podemos preguntar por nada. Es una pena escuchar a lo largo del año a Ronaldo hablar más de Zidane que de Sergio González. Cierta frustración genera, pero le asesoran profesionales que sabrán los motivos de sus decisiones. A mí no me gusta que se metan en mi trabajo, aunque lo hacen bastante a menudo. Con los aficionados y los vallisoletanos creo que ha tenido una evolución similar. Alejarse del día a día del Real Valladolid le ha hecho caer a su cota más baja de popularidad: la pancarta, las críticas…

“El efecto Ronaldo no es solo social, sino también competitivo”

La realidad es que el acercamiento que tuvo antes del partido frente al Athletic dejó, de primeras, una victoria. El efecto Ronaldo no es solo social, sino también competitivo. No dudo que la devoción que yo siento por el Ronaldo futbolista la sentirán también varios jugadores dentro del vestuario. Yo veo a Ronaldo y se me quita la tontería que pueda tener en dos minutos. En fin, que el Real Valladolid le necesita cerca.

Esto está completamente al margen de poner en duda que su llegada ha servido para reactivar al Real Valladolid y al fútbol de la ciudad. Quien diga que antes veía a niños por todas las esquinas con la camiseta blanquivioleta miente. Parece lo más normal del mundo comenzar a adecentar el José Zorrilla, dignificar a la afición y a los Anexos con la cubierta, proyectar una ciudad deportiva pese a que hayan surgido imprevistos, renovar vestuarios, oficinas, aumentar en más de un 100% el límite salarial. Lo parece, pero no lo es. En dos años se han hecho muchas cosas, y la mayoría bien. Cualquier otro propietario de su status hubiese entrado como un elefante en una cacharrería. La nueva propiedad y su equipo de trabajo han respetado al director deportivo, al entrenador, a los empleados… no tenían ninguna obligación. Esto, desgraciadamente, es una empresa. Para lo bueno y para lo malo. Para comprar y para vender. Y si no, como diría aquel, haber puesto tú el dinero. No dudo que con un Ronaldo más cercano, aún a pesar del déficit de puntos y goles, veríamos las cosas de forma muy diferente. Ojalá ese Ronaldo de antes y para rato.