Los aficionados del Real Zaragoza en un partido de su equipo. Foto: Real Zaragoza.

La salvación de un club a la busca de sentido

Opinión

Los aficionados del Real Zaragoza en un partido de su equipo. Foto: Real Zaragoza.

Opinión

‘Quien tiene un porqué para vivir encontrará casi siempre el cómo’, decía Viktor Frankl en su obra ‘El hombre a la busca de sentido’, un best seller acerca del espíritu de supervivencia de un prisionero durante el Holocausto. Yo no conozco el sentido de la vida pero sí intuyo el sinsentido del fútbol: debe ser algo parecido a pegar un berrido a las once de la noche de un domingo cuando tu equipo, al que has visto varias veces campeón y ahora está colista de 2ª, salva un gol sobre la línea en el minuto 92 contra el Fuenlabrada. No hay mayor definición del dramatismo al que este deporte te condena a veces, la Liga Smartbank a menudo y el Real Zaragoza siempre en esta temporada: en lo que llevamos, y en lo que falta.

“la Segunda no es una categoría para echar raíces y el equipo aragonés lleva mucho en ella. No siempre los fichajes con poco dinero y las cesiones de meritorios salen bien”

Ayer en los aledaños de La Romareda varios miles de aficionados le recordaron a  dirigentes, entrenadores y jugadores cuál es el sentido de todo esto: escudo, nombre, vitrinas, estadio, sueldos, todo se sustenta sobre la fidelidad de una parroquia, porque si la lealtad jamás se demostró en tiempos de plenitud el Real Zaragoza nunca estuvo más vacío -y no sólo por culpa de la pandemia-. Por eso, como reconoció Iván Martínez, desde el autobús el equipo recordó la causa y minutos después, ya sobre el césped, halló el modo. Paradójicamente desinhibido tras una de las semanas más caóticas que ha sufrido el club en su casi nonagenaria historia, el equipo se mostró intenso sin balón y resuelto con él. Hizo tantos méritos para ganar desde antes como para no sufrir hasta tan tarde. Y finalmente venció, que es lo que queda. Como en aquella película de Woody Allen, la pelota tocó en la red, dio un par de vueltas en el aire y escogió campo: matchball salvado.

Un instante del partido del Real Zaragoza en la última jornada. Foto: Real Zaragoza.

 

Quedan otros 26. La fatalidad le negó al Real Zaragoza un ascenso en primavera y la reacción posterior del club -de todos sus eslabones- demuestra que no había otro plan que subir. Como ya hemos comentado aquí, la Segunda no es una categoría para echar raíces y el equipo aragonés lleva mucho en ella. No siempre los fichajes con poco dinero y las cesiones de meritorios salen bien. Tampoco las apuestas por entrenadores en busca de escaparate. Cuando todo se alinea en contra, y encima falta el calor de la grada, ¿qué queda? Una sensación de desfondamiento amenazaba al equipo en el campo, y al club en los despachos. Y justo entonces, la afición y la cantera se dieron la mano. Hinchas y juveniles, porqué y cómo de este Real Zaragoza que antaño recibía críticas por su público difícil y su academia yerma. Alejandro Francés, Iván Azón y Francho Serrano se licenciaron ayer como chicos en un fútbol de hombres. Que en estas circunstancias la Ciudad Deportiva sea el principal activo del equipo obliga no solo a evaluar los errores del mercado de verano sino a evitar los de la ventana de invierno (para ello, primero, habrá que acertar con la identidad del nuevo director deportivo). Y sobre todo invita a plantearse la pertinencia de sustituir a un entrenador que conoce las inferiores al dedillo por otros que antes de llegar ya exigen media docena de fichajes.

En el fútbol moderno, con victorias de tres puntos, no ganar equivale a perder, como parece empeñado en demostrar el Huesca en Primera, ayer si cabe de una manera más cruel. En Segunda, las clasificaciones del último lustro indican que con menos de 10 victorias no se mantiene nadie y con más de 12 triunfos resulta prácticamente imposible descender. Y solo antepongo el ‘prácticamente’ porque el Numancia sí perdió la categoría hace cinco meses tras lograr 13 victorias. Un caso aislado en la tendencia general que dibuja, por tanto, un objetivo claro para este Real Zaragoza comatoso tras rozar el ascenso la campaña anterior. En las 26 jornadas que restan habrá de sumar nueve triunfos a los tres que ya atesora. En otras palabras, tiene que ganar un 33% de los partidos que dispute. Ese -y no otro- es el sentido de un equipo a la busca de la salvación, y la salvación de un club a la busca de sentido.