Foto: Real Zaragoza CF.

Adiós 2020, adiós

Opinión

Foto: Real Zaragoza CF.

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Zaragocistas, 2020 ha terminado. El año que debía devolver a Primera al noveno mejor equipo de la clasificación histórica de LaLiga por fin ha acabado. El año en que su sufrida afición podría celebrar el 25 aniversario de la Recopa volcado no en recordar el pasado sino en proyectarse hacia el futuro ha finalizado entre suspiros de alivio. Un año para festejarlo todo degeneró en un año para sufrir por cualquier cosa. Lo que podía salir mal, salió peor. Lo que se podía hacer regular tampoco se hizo bien. Como resultado, la parroquia zaragocista ha soportado durante los últimos 12 meses una montaña rusa emocional sin precedentes en el fútbol.

“Más que esperar a dos o tres fichajes salvadores que compensen las carencias de la plantilla, JIM apuesta por pequeñas mejoras porcentuales de todos sus integrantes”

Un enero fulgurante, con pleno de victorias y visita del Real Madrid a La Romareda, descorchó la ilusión. En febrero, con el equipo lanzado hacia el ascenso directo, se desató la euforia. En marzo llegó la pandemia por la covid, y con ella la incertidumbre. Abril y mayo fueron meses de tensa espera. En junio la nueva normalidad del fútbol, y la del conjunto de Víctor Fernández, generó perplejidad: no fue más el mismo equipo. En julio se confirmó la amarga desilusión de tener que disputar un playoff sin fecha. Agosto fue el mes de la rabia ante la imprevisión de quien condenaría a un equipo a disputar los partidos más importantes de la temporada sin su mejor jugador. Para septiembre el zaragocismo ya se había abonado a la resignación de una nueva temporada en Segunda, que en octubre se tornó en abierta angustia ante la constatación de que, además, sería una temporada sufriente. Noviembre trajo la destitución de Baraja, y la marcha del equipo desató el pánico hasta el punto de llevarse por delante a Lalo Arantegui y contemplar al Mono Burgos como posible entrenador. Así llegamos a diciembre, tan exhaustos anímicamente, tan desorientados futbolísticamente, que la victoria del sábado por 1-0 ante el Lugo se antoja analgésica: proporciona consuelo, respiro y hasta fe en lo que pueda deparar 2021.

El libreto de JIM, veterano entrenador del fútbol modesto, es de corte clásico: énfasis en la motivación, aprovechamiento máximo de recursos no muy abundantes, fútbol de transiciones y pelota parada en el que la intensidad defensiva no se negocia. Sus primeras palabras al llegar a Zaragoza no respondieron a un discurso brillante sino voluntarioso, en clara alegoría de lo que suelen ser sus equipos. Y me da que eso es lo que mejor entienden los futbolistas, sobre todo cuando están apurados. En los vestuarios se maneja un idioma propio, unos códigos totalmente alejados de la oratoria, y Juan Ignacio Martínez -a pesar de llevar un lustro entrenando fuera de España- no los ha olvidado.

Juan Ignacio Martínez, JIM, en sus primer partido en la Romareda como técnico local. Foto: Real Zaragoza.

Esperemos que le alcance para lograr su primer objetivo: convertir en los refuerzos invernales a jugadores que venían rindiendo por debajo de su nivel (este sábado lo intentó con el Toro Fernández). Más que esperar a dos o tres fichajes salvadores que compensen las carencias de la plantilla, JIM apuesta por pequeñas mejoras porcentuales de todos sus integrantes. Sobre todo sin balón eso puede tener efectos notables: sin ser de los equipos más goleados de la tabla, con 20 tantos encajados en 18 partidos, el Real Zaragoza ha tenido la perniciosa habilidad de repartirlos de forma que apenas acabó cuatro encuentros con la portería a cero. En ningún partido ha encajado más de dos dianas pero -y aquí reside la otra mitad del reto- sólo en dos duelos marcó más de un tanto: contra la UD Las Palmas y el Girona (y en ninguno le sirvió para ganar). En este arranque de temporada el equipo aragonés se ha ido a la caseta sin desbloquear el arco rival en la mitad de los partidos que ha disputado. Si encima sufre para no encajar, ganar partidos entra de lleno en el terreno de lo paranormal.

Pero es que esa, y no otra, quizá sea la palabra que mejor define este 2020 que ahora acaba: paranormal, sobrenatural…  y cruel. Durante los últimos 12 meses el fútbol afrontó algunas de sus deudas históricas. El Liverpool se proclamó, después de 30 años de sequía, campeón de liga en Inglaterra. El Leeds regresó a la Premier tras 16 años lejos de ella. Al Real Zaragoza estuvo a punto de levantarle la condena que purga -por delitos de otro- en el limbo de Segunda pero al final le bajó el pulgar. Tan noqueado quedó el club que a punto ha estado de meter los dos pies en el infierno del fútbol no profesional, con la sospecha de que de semejante cruz es difícil que la entidad de La Romareda resucite.

El fútbol hace ya ocho años que no nos da tregua. Tan desconcertante ha sido este 2020 que uno no sabe si ama al Real Zaragoza a pesar del fútbol o ama el fútbol a pesar del Real Zaragoza.