Los jugadores del Espanyol protestándole al árbitro en el último partido. Foto: RCD Espanyol.

¡Ojalá el problema fueran los mallorquines!

Opinión

Los jugadores del Espanyol protestándole al árbitro en el último partido. Foto: RCD Espanyol.

Opinión

Rugió el pueblo perico mucho antes de acabar el partido en Las Palmas al grito de ¡mallorquín, el árbitro del VAR es mallorquín! Y era verdad. Me reventó el guasap. Hubo hasta un ¡mallorquín el que no bote! Al pueblo y a mí nos pone el contubernio que es un acuerdo o alianza para fines censurables. Vamos poco al diccionario, por cierto.

A lo que íbamos. Sí: el ciudadano Varón Aceitón, el del VAR ayer, nació en Palma y pertenece al Comité de Árbitros de las Islas Baleares y olé. De pronto abrí una puerta a la esperanza global, vi salvado el fútbol: la expulsión de Lluís López o colega cualquiera sólo se producirá con mallorquines de por medio. Porcentualmente, una delicia: ¡firmado! Fue una ilusión efímera, claro. Enseguida caí en que el árbitro, el que fue a ver la jugada es riojano. Y malo. Ya lo fue en Primera. Luego, nada: va a dar igual que venga ese personal de Mallorca, Pontevedra o la Isla Perejil. Es un horror que esta vez le tocó al Espanyol. Una roja, dejar a un equipo con diez, requiere de razón de peso, debe ser indiscutible o casi. Lo de ayer fue de rojo sonrojo. Porque el de abajo fue al monitor y debió ver la cosa diez veces. El de arriba, ni les cuento.

“el Espanyol no disparó a puerta, con 11 y con 10, a un rival que había encajado 25 goles”

¿Perdió el Espanyol por el árbitro? ¿Ganó la Unión Deportiva por él? ¡Nooooorrrr! Hombre, que sin la roja hubiese sido otra cosa, pues probablemente. O no. Volvamos al dato: el Espanyol no disparó a puerta. Con 11 y con 10. A un rival que había encajado 25 goles, los mismos que Castellón, Sabadell y Albacete cuando empezó el partido en el estadio de Gran Canaria.

Las Palmas hizo bien lo que pensó hacer, incluso ganó. Pepe Mel sacó siempre petróleo. La tarde perica fue negra, lo admitió Vicente Moreno. La primera mitad fue infumable. Invitas a un marciano PCR en ristre y no distingue quien es el líder y quien el 15 clasificado. El Espanyol regaló la primera parte, gol incluido. La acción entre Diego y Lluís fue verbenera. Y cuando parecía presentarse al partido llegó la expulsión, minuto 49, y asistimos al clásico quiero y no puedo entre un equipo en tarde espesa, y en inferioridad, y otro que tiene gente con buen pie y supo tocar y moverse para ir llevando el agua del partido a su molino.

Un instante del encuentro en la UD Las Palmas y RCD Espanyol. Foto: RCD Espanyol.

Nico metió un golazo, pero un rato antes RDT recibió en orsay y lo anularon. Cerca del final, el mismo Nico mandó al lateral de la red la cesión de un defensa, escorado a la derecha del portero. De haber encontrado puerta en esa ocasión, una, el equipo habría empatado quizá definitivamente. Tampoco.

No era el día del Espanyol que cerró su periplo canario sin meter un gol: 0-0 en Tenerife fue el resultado. El árbitro fue una calamidad y el Espanyol estuvo mal. La magia del triunfo ante el Almería duró poco. Se salvó el liderato pues el Oviedo igualó el 0-2 al Mallorca. En todas partes cuecen habas.