Los jugadores de la Real observando la tanda de penaltis ante el FC Barcelona. Foto: Real Sociedad.

Lágrimas de txiribiri

Opinión

Los jugadores de la Real observando la tanda de penaltis ante el FC Barcelona. Foto: Real Sociedad.

Opinión

Que la Real Sociedad y su gente tienen sed de títulos es evidente. Sólo hay que mirar de frente a un canterano. Hay hambre. Mucha. Hace 34 años que no se levanta una copa (deportiva) en San Sebastián, y ya va siendo hora. Este equipo se está convirtiendo en el campeón del mundo de los merecimientos, pero ha llegado la hora de volver a transformarse en un club ganador.

La eliminación ante el Barça fue una bofetada del revés, un sopapo en toda regla. Pero no hay campeón sin herida. Llegó desde la pena máxima, especialidad de la casa de Mikel Oyarzabal. Falló el capitán, y con él, el resto de la tripulación. Comenzó a llover en sus ojos. Pero inmediatamente después del lanzamiento todo el mundo se apuntaría a la guerra si el 10 de la Real comanda al ejército. Lágrimas de txiribiri, pensé.

“el 4 de abril es la fecha que tienen subrayadas todas las puertas de las neveras: Final de la Copa del rey ante el Athletic. El fútbol le debe unas cuantas a la Real y ese día podría regresar la gloria a la bahía de La Concha”

Resulta curioso cómo el paso del tiempo voltea la vida como si se tratase de una buena tortilla. El héroe de la semifinal ante el Barça fue Ter Stegen. Si lo miras con perspectiva parece una broma macabra. Pulsas el rewind, mítico botón que rebobinaba las cintas de vídeo, y podrías ver a toda la afición txuri urdin botando y cantando en Atotxa eso de… «¡No pasa nada, tenemos a Arconada!». Tiene narices, por no ser más bruto y explícito, que ahora el salvador sea el portero de enfrente. Es que no tiene ni rima.

Pero hay que seguir, avanzar. Y en el calendario de la plantilla está el siguiente partido. Primer mandamiento de Imanol Alguacil. Prohibido contar como las lecheras. Ahora bien, las órdenes del entrenador oriotarra dejan de ser de obligado cumplimiento más allá de las barras del estadio. Para el pueblo contar con los dedos es como poner el pijama para dormir, y el 4 de abril es la fecha que tienen subrayadas todas las puertas de las neveras: Final de la Copa del Rey ante el Athletic. Rotulador fosforito, verde y luminoso.

Los jugadores de la Real Sociedad celebrando el gol ante el FC Barcelona. Foto: Real Sociedad.

El fútbol le debe unas cuantas a la Real y ese día podría regresar la gloria a la bahía de La Concha. No habría victoria más sabrosa y celebrada que izar un entorchado después de haber vencido al eterno rival en una gran final. Puede que por Bilbao se desmerezcan los duelos con la Real diciendo eso de que «nuestros enemigos principales son Real Madrid y Barcelona», pero en Donostia no, en Donostia tienen claro que a finales de diciembre se come txistorra, a finales de enero se toca el tambor y todos los días del año el rival a tener en cuenta es el Athletic.

Por tanto, el tropiezo en Córdoba ante el Barça no fue más que una pena mínima, un rasguño necesario para afrontar el gran día con el corazón encendido y la lección bien aprendida. Si algo tiene este equipo es el cómo hacerlo. Cocina el juego mejor que nadie. Falta lo más importante, ejecutarlo. Ser efectivo y eficiente. Que por una uña no deje de entrar la falta de Janu, que de una vez por todas Willian José deje de pensar en la puerta de salida y se centre en el área. Que la pelota entre donde tiene que entrar… Dentro de la portería contraria.