Foto: Real Sociedad.

El ‘tikitaka’ ya es para viejos

Opinión

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La vida es cambio y adaptación al medio. No lo digo yo, lo hemos estudiado en el cole. Cuántas tardes le hemos dedicado al viejo Darwin. Pero ni con esas, aquí hay quien sigue empeñado en no bajar del árbol. Siguen sin entender que encorsetarse a un estilo de juego denota limitación. Que no digo yo que el origen marque, pero calar tanto la txapela cierra la puerta a nuevas propuestas.

“Reclama tu patria, claro que sí. Defiéndela con uñas y dientes. Pero deja siempre una venta abierta para que entre la luz en caso de apagón”

Cada vez que escucho a un entrenador soltar el tópico de que muere con sus ideas se me ilumina su fecha de caducidad. Morir con las botas puestas es empezar a cavar el nicho. El juego del fútbol son variantes en constante movimiento. Da ahí su grandeza. Y lleva toda la vida poniendo en su sitio a todo el que pretende embotellarlo en formol. Reclama tu patria, claro que sí. Defiéndela con uñas y dientes. Pero deja siempre una venta abierta para que entre la luz en caso de apagón.

Fíjense, la mayoría de los equipos de la Liga ya no se abrochan el cinturón de seguridad cuando cruzan la frontera. Se emborrachan de tikitaka, sueltan un discurso épico y después pasa lo que pasa: llega una apisonadora y te aplasta como a aquel coyote de los dibujos animados, que se pasó media vida persiguiendo al correcaminos con los mismos métodos.

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El fútbol es cada vez más atlético, más táctico; pero como todo en la vida, voluble. El ritmo de juego requiere respuestas rápidas, lecturas de partido eficientes y efectivas, herramientas a disposición de las máquinas que  hemos creado: deportistas apolíneos hechos al brócoli y a las claras de huevo. No exagero, Mágico González no jugaría hoy ni en Segunda B.

Pero subo la apuesta, porque en pocos días Mbappé, Haaland y Rashford nos han demostrado que están a otro nivel. Ellos van en moto de alta cilindrada, y nosotros en bicicleta de pedales. Aquí,  Pedri es el nuevo Iniesta, pero contra ellos parece un cadete entrenando con los mayores. Aquí, Koundé y Diego Carlos sacan los puños como Mazinger Z, pero contra ellos van haciendo kitsurf agarrados a sus camisetas. Aquí, Illarra, Silva y Merino son lo más, y contra ellos no tienen ni medio suspiro para fabricar una idea.

Sólo el Atlético se salva de la hoguera, un proyecto creado por Simeone a ritmo de acordeón argentino. Abriendo fuelle cuando se puede, y apretando correas cuando conviene. Poniendo por delante el compromiso de la competitividad. Porque desde su llegada, el balón dividido no se negocia, y abrigarse al compañero cuando hace falta, tampoco. Como Jabo Irureta, que soltaba a sus muchachos en Riazor y los amarraba con cuerdas más allá de Ponferrada.

Hemos abandonado a La Furia hartos de caer siempre en semifinales para abrazarnos como lapas al toca y vete que nos dio un Mundial. Pero por el camino nos hemos dejado un principio fundamental de todo juego: ¡Ganar y ganar y volver a ganar! Si has competido alguna vez, ya sabes que lo de participar sólo lo dicen los padres.