Weissman celebra un gol junto a Orellana. Foto: Real Valladolid CF.

Bienvenidos al mes de la verdad

Opinión

Weissman celebra un gol junto a Orellana. Foto: Real Valladolid CF.

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10 jornadas. Las famosas 10 jornadas que en Segunda se reconoce abiertamente que deciden todo. Tal y como está el patio, así será también esta temporada en Primera. Llega el momento de la verdad y el Real Valladolid sabrá en menos de dos meses si hay permanencia o descenso, si se cumple con el mínimo exigido o hay fracaso y pierde el tren de LaLiga. Hasta el parón y el coronavirus, el equipo vivía una de las fases más fiables del curso. Quizá no se puede hablar de “buen momento”, pero sí de un tramo aceptable de competición que le mantenía fuera de la quema. Y eso pese a lo de Murillo y Bono, porque de no haber sucedido eso, hablaríamos de 31 puntos y tres cuartos de permanencia.

Ahora toca empezar casi de cero y el objetivo interno será el habitual durante los últimos años, que viene siendo algo así como un punto por partido. Acabar con 37, 38… y, a partir de ahí, rezar para que haya tres peores, que pinta tiene de que sí. Con todo lo que ha pasado y la sensación de desastre que ha dado el equipo durante varios tramos de la temporada, sacar cuatro puntos al descenso pone de manifiesto que hay que hacerlo rematadamente mal para bajar. El calendario es el que es y en ningún caso se puede calificar de asequible, pero esto lo determinará lo que se jueguen los rivales de las cinco últimas jornadas, que puede ser todo o nada: Valencia, Villarreal, Real Sociedad y Atleti. Llegar a esos cuatro últimos partidos en el alambre parece poco aconsejable y la terna Granada – Elche – Cádiz apunta a ser la que decida el futuro del Real Valladolid. Si la preparación física, mental o sinérgica (con cariño), del Real Valladolid tiene picos previstos, el Mulhacén debe estar entre el 11 y el 25 de abril. Salir de ahí con seis, siete o nueve puntos puede ser un billete directo a la permanencia. Es el mes y el momento de la verdad.

Tocará también hasta final de temporada hacer un sobresfuerzo en cuanto a exponerse lo menos posible al virus. Los jugadores del Real Valladolid son personas, por supuesto. Pero también tienen que asumir su condición de privilegiados. El club, que me consta ha insistido hasta la saciedad en este aspecto, debe elevar sus propias restricciones para evitar un disgusto en estos dos meses clave. El momento en el que ha llegado el brote ha sido el menos malo, pero podía haber pasado antes de Granada o de los cuatro días en los que se jugará frente a Elche y Cádiz. Ya no sólo por no poder contar con los afectados, sino por la distracción y la ruptura en la dinámica de trabajo. Instagram, que parece obliga a la exhibición, ha conllevado a que un día de descanso en el equipo se convierta en una galería fotográfica de excursiones y casas rurales. Esperemos que el freno se haya echado a tiempo. Ya no hay marcha atrás.