Florentino Pérez, presidente del Real Madrid CF, durante una gala del Balón de Oro. Foto: Franck Fife / AFP.

El Real Madrid - Chelsea lo arbitra Florentino

Opinión

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid CF, durante una gala del Balón de Oro. Foto: Franck Fife / AFP.

Opinión

Vuelve la Champions y juega el Madrid. Pero el partido de ida ante el Chelsea comenzó hace bastante tiempo; desde el anuncio de la Superliga, concretamente. Florentino Pérez encabezó un auténtico golpe de estado a la UEFA con el convencimiento de que iba a ganar y, supongo, con el anhelo de convertirse en el personaje que cambió la historia del fútbol mundial. El órdago era gigantesco y, dada la magnitud del mismo, el riesgo también era muy grande. Revelarse contra el gigante más poderoso del deporte rey (UEFA) era una maniobra muy peligrosa. Es obvio que la cabeza de Florentino no valoró la posibilidad de perder y mucho menos la de salir apaleado. Pero así ha ocurrido.

“Eso era lo que se ponía en juego; la esencia del futbol. Y por eso la Superliga ha perdido”

La respuesta del mundo del fútbol -a nivel global- ha sido totalmente desproporcionada para lo que esperaban los miembros de la Superliga y, para qué negarlo, para lo que esperábamos todos los demás. Era de prever que la maquinaria de UEFA se pusiera en marcha para aliar Federaciones y clubes adscritos a su paraguas, pero en ningún caso que gobiernos y pueblo llano mostraran semejante unión contra la nueva liga de los ricos de Europa. Ha sido la afición de los propios clubes implicados la que ha encabezado la revuelta. Y, por primera vez en mucho tiempo, el millonario ha hincado la rodilla ante el pobre asalariado. Porque el fútbol, en esencia, es de la gente. Y a la gente no le puedes quitar la ilusión por sus colores. La ilusión de poder derrotar al grande y poderoso. La ilusión de poder ser mejor que él y ganarle una vez de cada cien. Eso era lo que se ponía en juego; la esencia del futbol. Y por eso la Superliga ha perdido.

Todo el mundo acepta que haya clubes ricos y pobres. Humildes y poderosos. Nadie reclama igualdad total. El que más genera más tiene; una ley de mercado que también se respeta el en fútbol. Pero, lo que no se puede tocar, es la igualdad de posibilidades cuando rueda el balón. Si el fútbol es grande es porque el pequeño puede ganar al grande en una misma competición. Hay pocos deportes en los que eso sea así. Por eso el fútbol es el deporte más importante del mundo. La Superliga quiso cargarse los sueños de la gente solo para solucionar problemas económicos internos derivados de su propio inflacionismo. ‘Como cada vez cuesta más fichar estrellas entre los grandes tenemos que generar más ingresos’. Esa era la teoría. Y, a cambio, no importaba llevarse por delante a todos los demás. Esos que no fichan por encima de sus posibilidades. Esos que renuncian a los grandes fichajes. Esos que ajustan sus gastos para no arruinarse. Pero los millonarios del fútbol no estaban dispuestos a ajustarse el cinturón como hacen la inmensa mayoría de clubes. Ellos querían más y más. Y la ambición cegó la razón. Fueron a una batalla apocalíptica sin mayor argumento que su propio enriquecimiento y olvidaron que el enemigo -el gran millonario del circo- jugaba con una ventaja decisiva; la meritocracia. UEFA tiene mucho que callar -y mucho más que repartir de los millones que ingresa- pero tiene claro cómo funciona el fútbol; no puedes quitar la posibilidad a todos de ganar todo. Y, desde esa premisa como arma principal, derrumbó en 48 horas al ‘club de los 12’ y su inversionista americano. Al ‘Florentino Team’ le cegó el dinero y no midió las consecuencias; el fútbol es de todos y no te lo puedes apropiar.

Jugadores Real Madrid Champions celebración
Algunos jugadores del Real Madrid CF celebran un gol en Champions. Foto: Real Madrid CF.

Esto no es ponerse del lado de UEFA. Que nadie se equivoque. UEFA es el gran millonario entre los millonarios. Recibe todo el dinero y reparte solo una parte. La mayoría desaparece en no se sabe muy bien qué. Bueno, en realidad sí se sabe; en un ejército de vividores, chupopteros y sueldos regalados por gestionar un deporte que, con la mitad de la mitad de personal, se gestionaría perfectamente. El teórico gestor del fútbol es el mayor de los millonarios. Pero es más listo que el resto porque sabe lo que no pude tocar si quiere sobrevivir; que todo equipo de fútbol tenga la opción deportiva de jugar cualquier competición. Que toda afición tenga derecho a soñar con el éxito del rico. Y no hay dinero que eso pueda comprar.

Si los ‘Supervillanos’ hubieran sido inteligentes habrían pertrechado un nuevo ‘status quo’ en base al principio de la meritocracia total para estar en su nueva competición. No sé si habrían ganado pero, como mínimo, habrían competido el partido. Porque tampoco seamos ilusos; si Superliga hubiera montado un nuevo formato de Champions con su idea de torneo de 20 clubes, pero que se tuvieran que clasificar a través de las ligas nacionales, 12 de los veinte serían siempre los mismos cada año; casi los mismos de la pretendida Superliga. Pero se lo habrían ganado en el campo cada fin de semana en su país y, sobre todo, habrían permitido al resto tener las mismas opciones deportivas de llegar. Este año, por ejemplo, al Sevilla. Ese era el camino. Pero, claro, ese partido había que jugarlo de la mano de las Federaciones y, por tanto, de la mano de la UEFA. Era el camino más difícil pero el único posible. Eligieron el teóricamente fácil y encontraron el abismo.

“los doce deberían ser sancionados porque han tratado de reventar el futbol mundial”

Y así llegamos al día de hoy. Vuelve la Champions con la incertidumbre de saber si los proscritos de la ley UEFA serán sancionados en el futuro, si serán sancionados algunos o solo los que aún no han abandonado el proyecto Superliga. Yo no tengo dudas; los doce deberían ser sancionados porque han tratado de reventar el futbol mundial. Han tratado de llevar a cabo sus egoístas intereses contra el resto de los clubes y eso no se arregla saliéndose de la Superliga los primeros o los últimos. No se elimina la pena si después de provocar un incendio de proporciones bíblicas llamas a los bomberos. La flota de los 12 destructores debe recibir su justo castigo. Pero escuchando a Ceferin tiene pinta que habrá trato de favor para los ingleses y disparo terminal para Madrid, Barça y Juve. Será muy injusto salvar al cobarde que saltó del barco cuando empezó el hundimiento. Entonces ya no valía. Valía lo que hicieron PSG, Bayern y Dortmund; los grandes beneficiados de esta guerra. Dijeron no -aunque nunca sabremos con qué estrategia a medio plazo- y han ganado por goleada sin salir al césped. Quedarán en la memoria como los millonarios que no olvidaron al pueblo. Así se escribe esta historia.

Y ahora vuelvo al principio. Hoy hay un Madrid-Chelsea. Y aquí -en España, digo- todo el mundo preocupado de si el árbitro robará o no al Madrid. De si el arma arrojadiza de Ceferin será o no el árbitro de la contienda. Porque, en España, vivimos en nuestro universo paralelo; mientras en Inglaterra todos -empezando por los aficionados de los seis clubes miembros de la Superliga- se unieron desde el minuto uno para salvar la meritocracia, aquí hicimos lo contrario de una forma descarada. Como Madrid y Barça tienen la mayoría de seguidores y seguimiento, en lugar de detener y juzgar al grupo de pirómanos que ha intentado quemarlo todo, ejercemos de bomberos tratando de tapar al generador del incendio. Pretendemos salvar al culpable. Indultar al delincuente.

El incendio no es Ceferin, amigos. Tampoco será el arbitraje de esta noche o el de la vuelta. Ni las futuras sanciones llegadas desde la UEFA. Los pirómanos están en su casa. En nuestra casa. Se sientan en los palcos de Bernabeu, Metropolitano y Camp Nou. Hoy, las miradas, a Florentino.