Ronaldo charla con Pacheta y Fran Sánchez en el estadio José Zorrilla. / Foto: Real Valladolid.

Lo que me preocupa del nuevo Real Valladolid

Opinión

Ronaldo charla con Pacheta y Fran Sánchez en el estadio José Zorrilla. / Foto: Real Valladolid.

Opinión

Decíamos que “dimitir” es un nombre ruso hasta que llegó Javi Baraja y le dijo a los que ahora mandan en el Real Valladolid que no se veía en el nuevo proyecto. Cuando tuvimos que encontrar la palabra idónea para titular la salida del club del hasta el lunes entrenador del Promesas elegimos la palabra “renuncia”. Quizá porque suene menos problemática, menos escandalosa, menos traumática. De “Baraja renuncia” a “Baraja dimite” hay un trecho en el efecto mediático y social que puede provocar escucharlo de una u otra forma. La esencia es la misma, no nos engañemos. Baraja se lo pensó hasta el domingo y el lunes se reunió en el José Zorrilla con la decisión tomada. Y el fondo del asunto me reconcome. Baraja se va porque no le gusta cómo pintan las cosas. El tiempo dirá, según le vaya al Real Valladolid y según le vaya a él, si acierta o falla. Pero para Javi Baraja salir del Real Valladolid no puede ser agradable bajo ninguna circunstancia. Es el equipo de su ciudad, el equipo de su casa, el equipo de su vida. Y se va porque no le gusta el percal. Pues como para no preocuparse.

Tampoco ha necesitado mucho tiempo el Real Valladolid para buscarle sustituto. Llega a dar la sensación de que la escena estaba preparada, porque a Julio Baptista, allá por el mes de mayo, le removieron Roma con Santiago para que su nombre sonase como técnico del primer equipo. Curiosamente, sonó más esta posibilidad con el entrenador del juvenil que con el del filial. No hay más preguntas, señoría. No tuvo opciones en ningún momento, pero le bastaba con leer su nombre vinculado a esa posibilidad y a partir de ahí, que pasasen cosas. Si yo fuese entrenador del Real Valladolid no me preocuparía tener a Baraja en el Promesas, pero sí a Baptista. La confianza de Ronaldo debe ahora devolverla con más tesón del que ha tenido hasta la fecha en el Real Valladolid. En los Anexos hay detalles y privilegios del brasileño, todos ellos consentidos, que han sentado muy mal y que no vienen a cuento en el fútbol formativo. Si hay batacazo competitivo se excusará en que el objetivo no es ganar ni estar en una categoría en la que apenas hay filiales y sí sacar jugadores. En el punto medio está la virtud.

Si yo fuese entrenador del Real Valladolid no me preocuparía tener a Baraja en el Promesas, pero sí a Baptista

El adiós de Baraja implica el estreno de Borja Fernández como primer técnico. Hasta Oikos, el camino que le esperaba a Borja en el Real Valladolid era otro bien diferente. El tren le ha llegado al gallego mucho más tarde de lo pensado por todos. A Borja le sobran en su vida cosas qué hacer y que elija dedicarse a entrenar al juvenil del Real Valladolid, al contrario de lo que muchos piensan, me parece que se traduce en cosas positivas. Quien lo lleve a un terreno económico debería pararse a pensar si a Borja le compensa ser entrenador de cantera. Podía haber dicho que no y pedir que se cumpliese lo que se le prometió cuando se retiró, que era menos exigente y bastante más sencillo.

baptista
El Juvenil A del Real Valladolid, dirigido por Julio Baptista, celebra un triunfo. Foto: Real Valladolid.

Por el camino me voy a dejar muchas más cosas que me preocupan. Lo de castellanizar sonó muy bien con la llegada de Pacheta y hoy suena peor con la marcha de Baraja. Para ello no hay que pedir DNI y sí sentimiento, y esa búsqueda no es tarea fácil en Valladolid. Pero los hay. Técnicos y jugadores. Y los que sienten el Real Valladolid y son válidos deben estar en el Real Valladolid. Hay unos cuantos repartidos por equipos de Primera y de Segunda que desde lejos han demostrado más cariño a este club que los que han estado cerca. Yo he tomado nota.

También me inquieta lo que Ronaldo denominó en su presentación en 2018 como “transparencia”. Si el presidente del Real Valladolid quiso decir lo que para mí significa transparencia, a día de hoy está lejos de cumplirse. Semanas después de llegar a Valladolid y de lucirlos por los pasillos de Zorrilla, ¿quiénes son oficialmente Paulo André y Ambrogini?, ¿van a quedarse en asesores externos y ni siquiera ser anunciados? esas cosas, y otras muchas, también me preocupan.