El Sevilla Atlético atraviesa una de las peores rachas de su historia reciente. El filial nervionense encadena ocho jornadas sin ver portería, más de 720 minutos sin marcar desde el último encuentro de 2025, una sequía alarmante que explica su delicada situación clasificatoria.
La última derrota, en el partido aplazado ante el FC Cartagena, ha agravado aún más la crisis. El tropiezo deja al conjunto sevillista como colista con 20 puntos, a once de la salvación cuando restan 13 jornadas para el final del campeonato. Las cuentas empiezan a no salir y el margen de error es ya inexistente.
Los números son demoledores: solo dos puntos de los últimos 24 posibles, una producción ofensiva nula y una falta de confianza que se percibe en cada tramo de los partidos. El equipo compite, pero la ausencia de gol penaliza cualquier intento de reacción. Cada error defensivo se convierte en una losa casi imposible de levantar sin capacidad de respuesta arriba.
El vestuario mantiene el discurso de la fe y el trabajo, pero la realidad es tozuda. La permanencia, que hace semanas parecía complicada, empieza a convertirse en una misión al límite. El calendario no concede tregua y el Sevilla Atlético necesita romper de inmediato su sequía si quiere reengancharse a la pelea.
Con 39 puntos aún en juego, las matemáticas sostienen la esperanza. Sin embargo, si no cambia la dinámica goleadora, el fantasma del descenso dejará de ser una amenaza lejana para convertirse en una dolorosa realidad en el tramo final del curso.