El Villarreal encara la temporada 2026/27 como aspirante consolidado, y lo hace por la puerta grande: tercero en la pasada Liga, clasificado por segunda vez seguida para la Champions League y con Iñigo Pérez estrenándose en el banquillo. El submarino amarillo abre el curso el 16 de agosto en el campo del recién ascendido Racing de Santander, con una duda flotando sobre el ambiente, la de si el salto dado en mayo fue un techo o apenas un punto de partida.
Que los pronósticos de esta temporada no saquen al submarino de la conversación europea no es un capricho de tertulia. El equipo cerró la 25/26 por delante del Atlético en la recta final, sostenido por una de las defensas más fiables del campeonato. Ese mismo consenso asoma en el análisis técnico que recopilan los especialistas de portales deportivos y pronósticos, donde cualquier casa de apuestas parecida a bet365 -plataforma hegemónica por excelencia- asegura que el equipo valenciano este año acumule grandes posibilidades de victoria.
Por otra parte, el primer interrogante lo pone el banquillo, del que se marchó Marcelino justo tras sellar el billete europeo y al que el club subió a Iñigo Pérez, un técnico joven que llega del Rayo Vallecano con contrato hasta 2029. Su fútbol es reconocible: presión alta, dos mediocentros de equilibrio y bandas que corren sin descanso. Ambiciosa y también arriesgada, la apuesta cambia el estilo y hasta la voz del vestuario en un proyecto que venía funcionando a buen ritmo. Nadie duda de sus ideas; la pregunta es cuánto tardará en trasladarlas a un grupo con galones.
Pesa, y mucho, el aval de la pasada campaña. El Villarreal firmó una segunda vuelta de nivel europeo y remató su tercer puesto con la manita al Atlético de Madrid en un duelo directo que valió oro. Aquel 5-1 no fue un espejismo, sino la foto de un equipo que compite de tú a tú con los grandes cuando el once titular está fino. Repetir esa regularidad durante diez meses, con tres frentes abiertos, es harina de otro costal.
Siete amistosos con cuatro victorias, un empate y dos derrotas dejaron buenas sensaciones en la pretemporada, con cierre triunfal ante el Galatasaray y Ayoze Pérez como máximo goleador del verano. Nada que firme títulos en agosto, cierto, pero sí un bloque que genera ocasiones y que ha entendido rápido las ideas del nuevo entrenador.
Atrás, la pareja de centrales y un Luiz Júnior cada vez más asentado bajo palos marcan la seña de identidad del equipo y le devuelven la solidez que le faltaba hace dos cursos; esa fiabilidad defensiva es la que sostiene cualquier pronóstico optimista. Un equipo que encaja poco siempre está cerca de puntuar, incluso en las tardes en las que el ataque se atasca. Ese es el suelo sobre el que Iñigo Pérez quiere levantar su versión del submarino.
Por delante, el listón lo marcan otros. El Barcelona llega como campeón y el Real Madrid aprieta desde arriba, así que la lucha real del submarino está en ese tercer o cuarto escalón que da acceso a Europa. Ahí competirán también un Atlético dolido por el adelantamiento y un Betis con ganas de dar el salto. Mantenerse en esa pelea hasta la última jornada de mayo sería, en sí mismo, un aprobado alto para el proyecto recién estrenado.
Donde el proyecto respira peor es en el centro del campo, y todos en Vila-real lo saben, porque la dirección deportiva no ha reemplazado las marchas en la sala de máquinas y el técnico tendrá que tirar de Comesaña y Gueye como pareja de equilibrio, con Moleiro pisando algo más el área rival. Si aparecen las lesiones, el fondo de armario se queda corto, y una plantilla justa en tres competiciones acaba pagándolo tarde o temprano.
Más motivos para el optimismo llegan arriba, en la zona de las alegrías. Mikautadze aporta gol y movilidad, Ayoze atraviesa una de las mejores rachas de su carrera y por la derecha asoma Alex Freeman, que se destapó en el Mundial. Cuando el banquillo aprieta, el submarino siempre ha sabido tirar de una cantera de campeones que sostiene al primer equipo temporada tras temporada.
El otro gran examen, y quizá el más ilusionante, lo pone la Champions, una competición en la que el submarino ya sabe lo que es llegar lejos y cuyo nuevo formato de fase liga premia a quien suma con constancia frente a rivales de medio pelo continental. El objetivo razonable pasa por colarse entre los treinta y dos primeros y jugar el playoff; soñar con algo más dependerá de cómo aguante la plantilla el desgaste de competir cada tres días. Cada punto de esa liguilla europea valdrá su peso en oro.
Tampoco da tregua el calendario. LaLiga arranca el fin de semana del 15 de agosto y, con el Mundial todavía removiendo el mapa de futbolistas, el arranque liguero llega con jornadas partidas y horarios repartidos a lo largo de la semana. A eso se suma la carga europea, donde el submarino querrá pasar del papel de invitado sorpresa al de equipo que incomoda de verdad.
El techo real de este Villarreal no lo marcará el once titular, sino la segunda unidad y el aguante de Iñigo Pérez cuando lleguen las primeras dudas. Repetir en Europa sería un éxito rotundo; conformarse de antemano con eso, la manera más silenciosa de empezar a dar un paso atrás.