La temporada 2025/26 del Hércules ya forma parte del pasado y deja una sensación agridulce en el entorno blanquiazul. El conjunto alicantino cerró el curso quedándose a las puertas tanto del playoff de ascenso como de una plaza para la próxima edición de la Copa del Rey, firmando un año en el que las sombras terminaron pesando más que las luces y donde la irregularidad acabó pasando factura.
El curso no fue sencillo desde el inicio. El Hércules vivió un cambio importante en el banquillo con la salida de Rubén Torrecilla y la llegada de Beto Company, un movimiento que buscaba dar un impulso al equipo en el tramo decisivo. Aunque los blanquiazules lograron momentos de buen fútbol y llegaron a ilusionarse con pelear por cotas más altas, nunca terminaron de encontrar la regularidad necesaria para asentarse entre los candidatos al playoff.
La gran diferencia estuvo marcada, una vez más, por el rendimiento en casa y fuera de ella. El José Rico Pérez volvió a convertirse en un auténtico fortín para los herculanos. Los alicantinos terminaron la temporada como el tercer mejor local de toda la categoría, solo por detrás del Eldense y empatados en puntos con el filial del Atlético de Madrid, tras un balance de 12 victorias, 4 empates y apenas 3 derrotas ante su afición.
Sin embargo, el gran lastre volvió a estar lejos de Alicante. El Hércules fue el 15º mejor visitante del campeonato y únicamente logró dos victorias fuera de casa en toda la temporada, unos números claramente insuficientes para aspirar al ascenso. La falta de competitividad a domicilio acabó alejando a los blanquiazules de sus objetivos y dejó en evidencia una de las grandes asignaturas pendientes del proyecto.
Con el curso ya cerrado, el Hércules está obligado a hacer autocrítica y construir un equipo capaz de competir también lejos del Rico Pérez. Porque si algo ha dejado claro esta temporada es que, para soñar con el regreso al fútbol profesional, ganar en casa ya no es suficiente.
